Lo que la IA ya está cancelando en la universidad China canceló 12,200 programas universitarios en cinco años, Estados Unidos vio caer su matrícula de Ciencias de la Computación por primera vez en dos décadas, y en México la sobreoferta de Derecho es más vieja que ChatGPT. Recorrí nueve sistemas universitarios para medir, con datos y no con miedo, qué está reescribiendo de verdad la IA generativa. Transcripción de la versión narrada (64 min). Narrada con voz sintética (Larry). El texto es de Esteban Rey — kilowatto.com. --- Lo que la IA ya está cancelando en la universidad. China canceló 12,200 programas universitarios en cinco años, Estados Unidos vio caer su matrícula de Ciencias de la Computación por primera vez en dos décadas, y en México la sobreoferta de Derecho es más vieja que ChatGPT. Recorrí nueve sistemas universitarios para medir, con datos y no con miedo, qué está reescribiendo de verdad la IA generativa. En 1806, un joven de veintidós años sin fortuna cargó un bergantín en Boston con 130 toneladas de un producto que nadie en el Caribe había comprado nunca: hielo cortado de un lago congelado. El Boston Gazette lo reportó con la incredulidad que merecía: "No es broma. Un barco ha despachado en la aduana hacia Martinica con un cargamento de hielo". Según Wikipedia, este joven era Frederic Tudor. Frederic Tudor perdió 4,500 dólares en ese primer viaje y volvió a perder dinero en los siguientes envíos a La Habana. No importó: en menos de un siglo, la industria que él inventó de la nada llegó a emplear a 90,000 personas y 25,000 caballos, capitalizada en unos 28 millones de dólares de finales del siglo XIX, según Wikipedia, en lo que respecta al comercio de hielo. Cortar, aislar y transportar hielo natural se volvió, durante casi cien años, una carrera de vida entera para decenas de miles de personas en el hemisferio norte. Y entonces, en un lapso sorprendentemente corto, dejó de existir. No la mató la competencia. La mató una tecnología —la refrigeración mecánica— que hizo innecesario todo el oficio: cortar bloques de un lago congelado, aislarlos en aserrín, transportarlos en barco antes de que se derritieran. Vuelvo a esa historia al final de esta pieza, porque es el paralelismo más limpio que conozco de disrupción tecnológica total sobre una industria entera. Pero el tema de hoy no es el hielo. Es una pregunta mucho más incómoda para cualquiera que tenga un hijo, una hija, o una carrera propia: ¿qué está haciendo la IA generativa —no la que nos quita empleos, sino la que ya está reconfigurando qué se puede estudiar— con la oferta académica universitaria del planeta? La aclaración importa porque casi todo lo que se discute sobre IA y universidad se mide con la vara equivocada: proyecciones de empleo, encuestas de sentimiento, titulares de "esta carrera va a desaparecer". Yo quería medir otra cosa, mucho más verificable: programas que abren, programas que cierran, matrícula real por campo de estudio, en series de varios años —nunca un pico aislado de doce meses— en Estados Unidos, México, China, India, Alemania y la Unión Europea, con el contexto agregado de la OCDE, el G7, el G20 y BRICS, y lo que se sabe (y no se sabe) de América Latina. Pasé varias semanas cruzando fuentes primarias de gobiernos, oficinas de estadística, asociaciones profesionales y reportes académicos. Esto fue lo que encontré, y no siempre es lo que se dice en redes sociales. El cómputo se da la vuelta: la primera caída en veinte años. La matrícula de licenciatura en ciencias de la computación en Estados Unidos más que se duplicó en una década, de cerca de 56,000 estudiantes en 2013-14 a 122,000 en 2022-23, y venía creciendo de forma sostenida durante dieciséis años consecutivos hasta 2024, con un aumento de 6.8% solo en el ciclo 2023-2024, según el National Student Clearinghouse CRA Taulbee Survey. Sin embargo, la encuesta 2025 de la Computing Research Association mostró una reversión abrupta, con una disminución de 3.1% en licenciatura, 24.9% en maestría y 2.2% en doctorado. El National Student Clearinghouse confirmó este patrón de forma independiente, con una disminución de 8.1% en la matrícula en ciencias de la computación e información en otoño de 2025, lo que representa unos 606,000 estudiantes, y una disminución específica de 11.2% en "computer science" y 14.0% en posgrado. Esta fue la primera caída de matrícula de CS en casi veinte años. La caída continuó en primavera de 2026, con otro 8.4% de disminución interanual y hasta 14% adicional en posgrado, según el mismo reporte actualizado por Fortune en agosto de 2026. Son ya tres ciclos de admisión consecutivos, medidos por al menos tres fuentes independientes, lo que separa esto de un pico de un solo año. Un análisis de Goldman Sachs, del economista Pierfrancesco Mei, encontró que ciencias de la computación y programación cayeron cada una más de 10% en el ciclo 2025-26, lo que representa la primera evidencia estadísticamente significativa de que estudiantes están evitando activamente carreras con alta exposición a la IA. En contraste, salud e ingeniería crecieron alrededor de 3% en promedio. Esto ya se ve en instituciones concretas, como la Universidad de California, que cayó a 12,652 estudiantes de licenciatura en CS en 2025 tras bajar 6% y 3% en los dos años anteriores, lo que representa un descenso acumulado de 9% en dos años. Princeton cayó de 150 estudiantes en la generación que se graduará en 2026 a 117 en la de 2027 y 74 en la de 2028. Arizona State bajó alrededor de 14% entre 2024 y 2025, y CUNY reportó una disminución de 15% en el mismo período. Un relevamiento de programas de cómputo encontró que 62% de ellos reportaron caídas de matrícula. Un dato adicional, aunque con una sola fuente de origen y sin corroboración cruzada verificada, es que el número de estudiantes de bachillerato que presentaron el examen AP Computer Science A llegó a un pico de 98,136 en 2024 y cayó cerca de 17% para 2026, mientras la participación general en exámenes AP creció alrededor de 7% y materias como Biología, Química y Física 1 crecieron en dos dígitos. Un estudio de Jacob Light, de Stanford, sobre los mismos datos de caída de CS en 2025-26, encontró que la evidencia analizada no muestra que la inteligencia artificial haya causado la caída de forma aislada, sino que hay una convergencia de factores. Yo mismo sospecho que hay al menos tres corrientes mezclándose: el miedo real a que la IA automatice el código de nivel junior, una sobrecorrección después de una década de "todos deberían estudiar CS" que llenó las aulas de gente sin vocación real, y un ciclo normal de saturación del mercado laboral de entrada que ya se sentía antes de que ChatGPT existiera. Lo que sí puedo afirmar con la evidencia en la mano es la caída misma, confirmada, sostenida por tres ciclos, y por primera vez en veinte años. La causa exacta sigue en debate legítimo. Y hay una ironía dentro de la propia ironía: mientras "ciencias de la computación" genérico cae, el número de instituciones estadounidenses con una licenciatura formal dedicada a inteligencia artificial pasó de 4 en 2020 a 23 en 2025, las maestrías en IA crecieron más de 200%, y los doctorados con especialización en IA/ML pasaron de alrededor de 9% de todos los doctorados otorgados en 2015 a alrededor de 25% en 2024. No es que los estudiantes le tengan miedo a la computación en abstracto, es que quieren la etiqueta específica "IA" en el título, no la genérica "CS" que ya no distingue a nadie en el mercado. El rumor de "las universidades están cerrando Derecho": sí, no, y depende de cuál Derecho. La respuesta correcta al rumor de que las universidades están cerrando Derecho es parcialmente, y con una distinción que casi nadie hace. La matrícula total de JD en escuelas de derecho acreditadas por la American Bar Association bajó apenas 1.2% en otoño de 2024, a 115,410 estudiantes, pero rebotó a 120,039 en otoño de 2025, un aumento del 4%, con la clase de primer año subiendo 7.9% y los programas no-JD creciendo 6.3%, según el ABA Journal y el TaxProf Blog. Esto es lo contrario de un colapso, es un rebote de un solo año después de una baja de un solo año, y por eso mismo no se presenta como tendencia sostenida en ninguna dirección todavía. Donde sí hay una contracción sostenida y verificable, de más de una década, no de un ciclo, es en el segmento no acreditado por la ABA. Las escuelas de derecho estatales y no acreditadas de California pasaron de 40 en 2012 a 28 en otoño de 2023, casi todo por cierres voluntarios, según el ABA Journal. Al mismo tiempo, la Purdue Global Law School obtuvo aprobación en enero de 2025 para agregar un programa JD de tiempo completo a su oferta existente de medio tiempo, también según el ABA Journal. Lo que se está encogiendo es un nicho específico, escuelas estatales pequeñas, no acreditadas, de bajo prestigio, mientras el segmento acreditado grande respira, y hasta se expande en algunos rincones. Lo que sí cambió, y de forma medible, es el currículo, no la matrícula. Una encuesta de 2024 del ABA Task Force on Law and Artificial Intelligence a 29 facultades encontró que el 55% ya ofrecía cursos específicos de IA, el 62% integraba IA en clases de primer año, y el 85% de las respondientes contemplaba cambios curriculares. El reporte de seguimiento de esa misma fuerza de tarea, publicado en diciembre de 2025, concluyó que la IA ha pasado de ser un experimento a ser infraestructura para la profesión legal, según el ABA AI Task Force. Las facultades no están cerrando Derecho, están reescribiendo qué enseñan dentro de Derecho, mientras la matrícula se mantiene notablemente estable. El análisis a fondo de qué significa esto para el mercado laboral de abogados junior se guardará para una pieza dedicada solo a ese tema, aquí solo se está midiendo la oferta académica, y en eso el veredicto es claro: el rumor de cierre masivo no resiste el dato duro. Diseño gráfico: el pánico llegó antes que la caída. El otro caso puntual que me pidieron revisar es diseño gráfico, y aquí el hallazgo es casi el espejo del de Derecho: hay alarma real del lado de la industria, pero todavía no aparece en los títulos otorgados. Data USA, el agregador construido sobre los datos crudos de NCES/IPEDS, reporta 10,676 grados de diseño gráfico otorgados en 2024 en Estados Unidos, con la cifra creciendo 16.3% respecto al año anterior. Marco esto porque sigue siendo un solo agregador sin que yo haya cruzado la tabla cruda de IPEDS directamente, pero hasta 2024 no hay señal de que la preocupación por la IA se refleje en menos títulos otorgados a nivel nacional. Toda esa ansiedad sí tiene un espejo del lado del empleo, y es la única línea de este texto que voy a dedicarle al mercado laboral en vez de a la oferta académica: el Future of Jobs Report 2025 del Foro Económico Mundial, basado en entrevistas a 1,000 empleadores que representan más de 14 millones de trabajadores en 55 países, coloca a los diseñadores gráficos en el puesto número 11 entre los oficios de más rápido declive a nivel global hacia 2030, un giro drástico frente al reporte anterior. Pero, como acabamos de ver, esa alarma de empleo todavía no se traduce en menos matrícula ni menos títulos otorgados. Minnie Moll, CEO del Design Council del Reino Unido, respondió a estos reportes reconociendo tanto retos como oportunidades, y apostando por reconvertir a un millón de personas hacia habilidades de diseño sostenible para 2030, en vez de dar por muerta a la disciplina. Lo que sí cerró de verdad en el mundo del diseño y las artes no fueron programas dentro de universidades grandes, sino instituciones completas y especializadas: los Art Institutes cerraron por completo, la Pennsylvania Academy of the Fine Arts dejará de otorgar títulos después del ciclo 2024-25, y el Delaware College of Art and Design cerró citando explícitamente matrícula en caída, cambios en las reglas de FAFSA y costos crecientes. Es una distinción importante: no es "diseño gráfico como disciplina" lo que se está muriendo dentro de las universidades grandes, sino un modelo de negocio, el college especializado, chico, dependiente casi por completo de matrícula de pregrado en arte y diseño, el que no sobrevive a la combinación de menos estudiantes y costos crecientes, con o sin IA de por medio. Un estudio alemán del Kunstfonds sobre IA generativa y artes visuales encontró que 45% de los artistas encuestados teme la devaluación del arte por IA y 55% teme mayor presión competitiva, el miedo es real y está medido, pero todavía vive en encuestas de percepción, no en menos personas inscribiéndose. Lo que sí se está muriendo, con datos duros: humanidades, lenguas y periodismo. Si el objetivo es encontrar una caída sostenida, de varios años, medida en títulos otorgados, no en miedo, no en anécdota, el caso más contundente de todo Estados Unidos no es cómputo ni diseño, sino humanidades. En 2024, Estados Unidos otorgó 165,489 licenciaturas en humanidades, la cifra más baja desde 1991, y 30% por debajo del pico de 2012, que fue de aproximadamente 236,000, según AAAS Humanities Indicators. Esta disciplina pasó de representar 13.1% de todas las licenciaturas del país en 2012 a solo 8.4-8.5% en 2024. Por disciplina, los declives entre 2012 y 2024 son brutales y consistentes: lenguas distintas al inglés cayeron 48%, inglés 43%, historia 41%, estudios religiosos 59%, estudios de área 55%, estudios clásicos 43% y literatura comparada 32%, según AAAS Humanities Indicators. Esto empezó mucho antes de la IA generativa masiva, ya que el pico fue en 2012, pero la caída no se detuvo después de 2022, al contrario, se aceleró, con una disminución de 13% solo entre 2021 y 2023. Las 69,254 licenciaturas "tradicionales" de humanidades otorgadas en 2024 son la cifra más baja desde 1987. La matrícula en lenguas distintas al inglés cayó 16.6% entre 2016 y 2021, lo que significa casi 236,000 estudiantes menos, y una caída acumulada de 29.3% desde el pico de 2009. De los quince idiomas más enseñados en Estados Unidos, solo tres crecieron: lenguaje de señas americano, con un aumento de 0.8%, hebreo bíblico, con un aumento de 9.1%, y coreano, con un aumento de 38.3%, probablemente debido al K-pop y el K-drama, y no a ninguna estrategia académica, según Inside Higher Ed, que se basa en el censo de la Modern Language Association de otoño de 2021. Un caso que ilustra lo que significa esto en el terreno es el de la West Virginia University, que eliminó 32 de sus 338 majors, incluyendo 12 de licenciatura y 20 de posgrado, y 7% de su planta docente en 2023. Esto incluyó el departamento completo de lenguas del mundo, que abarca francés, español, chino, alemán, ruso, lingüística y TESOL, aunque después se dijo que preservaría la instrucción, no los majors completos, en chino y español, según Inside Higher Ed. El periodismo tiene su propio caso con nombre y serie larga: en la Universidad de Nebraska-Lincoln, la matrícula de periodismo pasó de un máximo de 281 estudiantes en 2013 a un mínimo de 171 en 2022, lo que representa un declive de 20.8% desde el nivel de 1998, según las tendencias del programa de la UNL. Es importante destacar que, dentro de la propia crisis de humanidades, las licenciaturas en artes visuales y escénicas no colapsaron de la misma manera. Cayeron de un pico de 97,799 en 2012-13 a un mínimo de 88,507 en 2017-18, pero se recuperaron parcialmente a 90,022 para 2020-21, lo que representa una disminución de apenas 3.2% en ese tramo más reciente, según la tabla 325.95 del NCES. Las artes escénicas y visuales, en otras palabras, no siguieron la misma trayectoria de caída libre que lenguas, historia y estudios religiosos. Además, el propio tracker de cierres de programas de la AAUP, construido a partir de cobertura mediática, advierte explícitamente que no es exhaustivo y solo refleja los casos que la prensa cubrió. Probablemente hay más cierres de programas de humanidades de los que cualquier lista pública captura, según el Program Closures tracker de la AAUP. Lo que crece sin ruido: salud, oficios, ciberseguridad y la etiqueta "IA" explícita. Mientras cómputo genérico y humanidades acaparan los titulares —uno por caer inesperadamente, el otro por caer desde hace más de una década— hay un tercer grupo de carreras que crece de forma sostenida, año tras año, casi sin cobertura de prensa. Enfermería es el ejemplo más limpio: la matrícula en programas BSN de nivel de entrada creció 7.6% en el ciclo 2024-2025, lo que representa un aumento de 19,830 estudiantes, hasta un total de 283,303, siendo este el tercer año consecutivo de crecimiento; la maestría subió 6.8%; y el doctorado en práctica de enfermería lleva veintidós años de expansión continua desde que apenas 70 estudiantes se inscribieron en 2003, según la American Association of Colleges of Nursing. La educación de oficios técnicos, que es la que menos glamour tiene en redes sociales, también crece de forma sostenida: la matrícula en universidades públicas de dos años enfocadas en oficios subió alrededor de 20% desde la primavera de 2020 hasta alcanzar 871,000 estudiantes en la primavera de 2025; los programas de certificado subieron 28.3% desde el otoño de 2021 hasta llegar a 752,000 estudiantes; y campos como tecnologías de ingeniería, que aumentaron 8.3%, mecánica y reparación, que aumentaron 10.4%, y profesiones de la salud, que aumentaron 10.1%, siguen creciendo, según el National Student Clearinghouse Research Center. Ciberseguridad tiene su propia serie sostenida y larga: el total de grados y certificados en seguridad informática, auditoría y aseguramiento de información creció 271% de 2012 a 2022, con cerca de 25,000 títulos en el programa específico de ciberseguridad y 259,000 en el conjunto ampliado de 26 categorías relacionadas para 2022, según el NCSES/NSF. Hay incluso una carrera que rompe el estereotipo de "todo lo no-STEM está en crisis": ciencia política. La encuesta anual de la American Political Science Association encontró que en el ciclo 2023-24, más de 5% de los departamentos reportaron un incremento significativo de matrícula y otro 5% un incremento moderado, frente a solo 1.5% y 22% respectivamente el ciclo anterior, según la APSA, Political Science Now. Aunque los porcentajes exactos tienen matices que debilitan la narrativa simple de "crecimiento sostenido" —es una sola encuesta, con una comparación de solo dos ciclos—, esto contradice de todos modos la idea de que cualquier carrera de ciencias sociales está automáticamente en caída. Dentro de las propias artes hay un matiz similar: la matrícula de nuevos estudiantes de licenciatura en arte creció 2% en 2022-23, mientras que la nueva matrícula de maestría en arte cayó 9% en el mismo período, según la NASAD, encuesta HEADS —el nivel de entrada resiste mejor que el posgrado, un patrón que se repite en Alemania. En cuanto a las carreras que crecen sin ruido en EE.UU., los detalles indican que hay áreas que experimentan crecimiento a pesar de no tener una gran cobertura mediática. Alemania y la Unión Europea: la mejor serie de datos del planeta. Alemania tiene los mejores datos en cuanto a series anuales por carrera exacta, remontables varias décadas, algo que ningún otro país ofrece con el mismo nivel de detalle. La oficina federal de estadística, Destatis, publica estos datos. Lo que estos datos muestran contradice la narrativa de que "la IA está espantando a todos de la computación". La matrícula de Informática en Alemania creció de forma sostenida durante tres semestres de invierno consecutivos, con 260,078 estudiantes en 2023/24, 267,249 en 2024/25 y 273,941 en 2025/26, lo que representa un alza acumulada de 5.3% en tres años. La participación femenina en Informática subió cerca de 12%. La disciplina de Informática es la más grande dentro del bloque MINT alemán, que incluye matemáticas, informática, ciencias naturales y tecnología, y va en dirección contraria a la tendencia en Estados Unidos. Sin embargo, no todo en Alemania está creciendo. Las matemáticas y las ciencias naturales cayeron de 301,197 estudiantes en 2023/24 a 297,937 en 2024/25 y 293,379 en 2025/26, lo que representa una disminución de 2.6% en dos años. La ingeniería se mantuvo casi estable, con 748,705 estudiantes en 2023/24 y 752,687 en 2025/26. Los nuevos ingresos a primer semestre bajaron en casi todas las ingenierías en 2025/26, con una disminución de 2.3% en Informática, 3.3% en Ingeniería Mecánica, 0.3% en Ingeniería Eléctrica y 0.6% en Ingeniería Civil. Esto representa una desaceleración generalizada de primer ingreso, aunque la matrícula total de Informática sigue subiendo debido a la acumulación de generaciones anteriores. La caída sostenida más significativa se encuentra en las humanidades alemanas, donde los estudiantes de primer semestre cayeron 22% en veinte años, de 63,500 en 2003 a 49,500 en 2023. La participación de las humanidades en el total de estudiantes también disminuyó, de 17% a alrededor de 10%. Esto es similar al patrón observado en Estados Unidos, pero con una diferencia clave: en Alemania, esta tendencia comenzó y se sostuvo mucho antes de la existencia de la IA generativa. En cuanto a la carrera de Derecho, Alemania presenta un contraste interesante con el caso estadounidense. Los estudiantes de ciencia jurídica casi se duplicaron entre 1975 y 2000, y siguieron creciendo hasta un pico de 119,285 en 2020. Desde entonces, la matrícula ha disminuido ligeramente, a 116,760 en 2025, lo que representa una disminución de apenas 2%. En 2023, los nuevos estudiantes en el bloque de derecho, economía y ciencias sociales fueron 191,000, con un aumento de 0.3%. La ingeniería tuvo 128,400 nuevos estudiantes, con un aumento de 2.3%, mientras que las matemáticas y las ciencias naturales tuvieron 51,100 nuevos estudiantes, con un aumento de 0.9%. Las humanidades tuvieron 49,600 nuevos estudiantes, con un aumento de 2.5%, y el arte tuvo 15,500 nuevos estudiantes, con una disminución de 0.6%. Un factor que probablemente explica más del comportamiento agregado europeo que la propia IA es el "acantilado demográfico". La tasa de fertilidad de la Unión Europea llegó a un mínimo histórico de 1.34 en 2024. En los Países Bajos, la matrícula de primer año bajó 3.3% para el ciclo 2025-26, y en el Reino Unido, la matrícula total 2024-25 cayó 1%, con los posgrados de estudiantes no comunitarios cayendo 10%. A escala de toda la Unión Europea, el panorama de 2024 confirma la estabilidad relativa que Alemania sugiere. El 21.9% de todos los estudiantes de educación terciaria cursaba "negocios, administración o derecho", seguido de ingeniería, manufactura y construcción, y salud y bienestar, ambos con 14.7%, y artes y humanidades con 11.1%. El volumen absoluto de graduados STEM ha aumentado de forma sostenida durante una década completa, de 18.5 por cada 1,000 personas de 20 a 29 años en 2014 a 22.4 en 2023. La fuerza laboral con educación en tecnologías de la información en la UE creció de 2.5 millones de personas en 2016 a 3.3 millones en 2025, con la proporción que tiene nivel terciario subiendo de 71.5% a 74.8% en el mismo período, lo que representa un crecimiento promedio anual de 5.2% durante una década. Sin embargo, la UE en realidad gradúa muy pocos especialistas en TIC en proporción a su población joven, con 2.6 por cada 1,000 jóvenes, frente a 4.6 en el Reino Unido, 3.9 en Canadá y 3.7 en Estados Unidos. A pesar de que 26.9% de todos los estudiantes terciarios de la UE en 2023 estaban en algún campo STEM, la matrícula STEM terciaria varía significativamente entre los países, con Alemania, Finlandia y Grecia encabezando la lista, y Malta con la cifra más baja. México: la sobreoferta de Derecho es más vieja que ChatGPT. La matrícula total de educación superior en México pasó de 1,933,907 estudiantes en el ciclo 2010-2011 a 3,493,562 en 2021-2022, un crecimiento de 44.64% en doce años, según Scielo México. Dentro de este crecimiento nacional, Ingeniería, Manufactura y Construcción subió de 592,454 a 823,308 estudiantes, lo que representa un aumento de 28.03%, y Ciencias Sociales y Derecho de 241,499 a 340,704 estudiantes, un aumento de 29.11%, ambas por debajo del promedio nacional de crecimiento. El área que de verdad se quedó atrás fue Tecnologías de la Información y la Comunicación, con apenas 5.12% de crecimiento en los mismos doce años, según Scielo México. En México, el área tecnológica lleva más de una década creciendo mucho más despacio que el resto del sistema, lo que contrasta con la situación en Estados Unidos, donde el cómputo crecía sin parar hasta hace apenas dos años. En cuanto a Derecho, sigue siendo la carrera más elegida del país, con 94,367 estudiantes nuevos inscritos en el ciclo 2024-2025, cerca del 8% de todos los nuevos inscritos a nivel nacional, según ANUIES, que se basa en datos de ANUIES. De estos estudiantes, 53,252 eran mujeres y 41,115 eran hombres. La sobreoferta de Derecho no es nueva ni causada por la IA generativa, ya que para el ciclo 2014-2015, México ya tenía 813 instituciones y 1,535 programas de licenciatura en Derecho, con 278,170 estudiantes inscritos. Entre 2011 y 2015, las instituciones privadas casi duplicaron su número de programas de Derecho, de 753 a 1,401, y su matrícula creció de 95,565 a 143,146 estudiantes, según Scielo México. La sobreoferta de escuelas de Derecho en México es un fenómeno estructural de al menos quince años, no algo que empezó cuando llegó ChatGPT. En cuanto a la inteligencia artificial, ANUIES reporta que las universidades mexicanas ofrecen 43 programas educativos ligados directamente a inteligencia artificial, 24 de licenciatura y 19 de posgrado, con aproximadamente 3,600 estudiantes matriculados en todo el país. Un coordinador de ANUIES señaló que esta cifra estará potenciada a una cantidad mucho mayor antes de fin de 2026, con concentración regional en Querétaro, Guanajuato, San Luis Potosí y Baja California, ligada a la industria automotriz y aeroespacial, según ANUIES. Son cifras todavía pequeñas frente al tamaño del sistema, pero es la única evidencia dura de que México ya está construyendo oferta académica formal alrededor de la etiqueta "IA", no solo hablando de ella. China: la potencia que más carreras cancela, y la que menos matrícula desagregada publica. China es el país que más agresivamente utiliza la política de oferta académica como palanca de política industrial, y al mismo tiempo, es el que ofrece los datos menos transparentes sobre matrícula real por carrera. El gobierno chino publica con gusto cuántos programas abre y cierra a nivel nacional, pero prácticamente no publica series equivalentes a las de Destatis o NCES con matrícula exacta, año por año, por carrera y universidad. Entre 2021 y 2025, las universidades chinas revocaron o suspendieron 12,200 programas de licenciatura mientras introducían 10,200 nuevos. Los recortes se concentraron en artes, humanidades, lenguas extranjeras y administración, mientras que ingeniería representó 1,322 de los programas nuevos aprobados, lo que equivale al 39% del total, según el South China Morning Post. La serie anual de programas descontinuados confirma que esto lleva ya varios años de aceleración, no es un evento de un solo ciclo, con 367 programas cancelados en 2019, 925 en 2022, 1,670 en 2023, que es el récord histórico, y 1,428 en 2024, lo que suma más de 5,000 cancelados entre 2019 y 2024. Los programas más recortados incluyen Gestión y Sistemas de Información, Administración de Asuntos Públicos, Diseño de Moda y Diseño de Producto, según el China News Service. Una directriz del Ministerio de Educación de marzo de 2023 fija la meta explícita de optimizar alrededor de 20% de todos los programas de licenciatura del país para 2025, lo que indica que esto no es un efecto de mercado espontáneo, sino una política de Estado con número objetivo publicado. Los catálogos de carreras nuevas confirman esta dirección, con el lote de 24 carreras aprobadas en marzo de 2024 que incluye ciencia e ingeniería de semiconductores de alta potencia, tierras raras, materiales inteligentes, estudios de seguridad nacional y sinología, además de ciencia del café y danza sobre hielo, según RADII. El catálogo de abril de 2026 añadió 15 carreras interdisciplinarias más, entre ellas inteligencia encarnada, ciencia y tecnología cerebro-máquina, y robótica agrícola, explícitamente enmarcadas como respuesta a las necesidades cambiantes de las estrategias nacionales, según el Gobierno de China. En el catálogo de 2025, el Ministerio añadió 29 carreras nuevas, la mayoría orientadas a STEM, mientras que universidades de primer nivel recortaron matrícula y eliminaron programas como administración pública, musicología y locución/broadcasting, según Sixth Tone. En cuanto al derecho, tiene su propio patrón chino, documentado con nombres de universidad pero con una sola fuente de origen, que indica que entre 2014 y 2024, varias universidades cancelaron su licenciatura en Derecho dentro del mismo plan de optimización del Ministerio de Educación, según NetEase. El boom de inteligencia artificial como carrera formal está corroborado de forma cruzada por dos fuentes independientes que llegan al mismo número, lo que le da a este dato un peso mayor que casi cualquier otro de la sección China. Las universidades con licenciatura en IA pasaron de 35 aprobadas en 2018 a más de 600 hacia 2026, con 626 exactas en 2025, y al menos 90 universidades "Double First-Class" abriendo escuelas o facultades dedicadas, según Sina Finance y China Daily. En el primer lote de aprobaciones de 2018, esas 35 universidades corrieron en paralelo con 101 universidades autorizadas para Robótica y 203 para Ciencia de Datos y Big Data, y para 2021, IA ya era la disciplina con más nuevas incorporaciones del país, con 130 universidades añadiéndola en un solo año, según CERNET. Esto es probablemente la expansión de un solo campo académico más rápida de cualquier país de esta investigación, pero no tengo, ni encontré en ninguna fuente pública, la serie equivalente de matrícula real semestre por semestre que sí tengo para Alemania o Estados Unidos. China cuenta programas, pero no publica, o no publica en abierto, cuántos estudiantes de verdad los llenan. India: el termómetro más ruidoso, pero también uno de los más sólidos en números. India es, de los cinco países a fondo de esta investigación, el que ofrece la señal más clara y más sostenida de reasignación hacia cómputo, justo lo opuesto a lo que está pasando en Estados Unidos. La matrícula de ingeniería B.Tech alcanzó 12.53 lakh de estudiantes en 2024-25, el nivel más alto en ocho años y un 67% más que en 2017-18, impulsada principalmente por la inteligencia artificial, el aprendizaje automático, la ciencia de datos y la ingeniería en computación. La tasa nacional de vacantes cayó a 16.36%, según Education Post India, sobre datos de la AICTE. La serie de ocupación de cupos por cinco años consecutivos es la más limpiamente sostenida de todas: la tasa de llenado subió de 53.73% en 2020-21 a 75.07% en 2024-25, un incremento de 21.34 puntos porcentuales en cinco años, impulsado por el cómputo, la inteligencia artificial, el aprendizaje automático, la ciencia de datos y el internet de las cosas. Y por rama específica, el cómputo y las disciplinas afines ya ocupan más asientos que cualquier otra: 390,245 lugares de B.Tech llenados en 2024-25, frente a 236,909 de mecánica y 172,936 de civil, sobre un total de 14.90 lakh de cupos aprobados. La encuesta nacional AISHE 2023-24 confirma el mismo patrón desde otro ángulo: la ingeniería en computación es ya la rama de ingeniería más popular de India, con 18.4 lakh de estudiantes inscritos, lo que representa el 39.7% de toda la matrícula de ingeniería. La matrícula STEM total cruzó por primera vez el crore, y la participación femenina en STEM subió de 38.4% en 2014-15 a 44% en 2023-24, sobre un total de matrícula superior récord de 4.50 crore. Por otro lado, la mecánica y la civil llevan cayendo de forma sostenida desde 2022-23. Hasta un 50% de los cupos de civil quedaron vacíos en Bengaluru durante dos o tres años seguidos, y estados como Telangana, Karnataka y Tamil Nadu se resisten activamente a convertir esos cupos vacíos hacia el cómputo. El regulador nacional, la AICTE, cerró 58 colegios y discontinuó más de 950 cursos para el ciclo 2025-26, en continuidad con 800 instituciones desreconocidas en 2018-19 y 179 cierres en 2020-21, lo que representa una caída acumulada de más de 27% en la matrícula de licenciatura en ingeniería tradicional desde 2012-13. Un caso con nombre y fecha exacta es el de la Delhi Skill Development University, que cerró cinco ramas completas de BTech en tres campus por orden del 2 de septiembre de 2024, citando baja matrícula. Los propios institutos de mayor prestigio del país, los IIT, documentan la reasignación con casos con nombre: el IIT Madras lanzó su licenciatura en Inteligencia Artificial y Analítica de Datos con la primera cohorte de 50 estudiantes admitidos por examen JEE para el ciclo 2024-25, y el IIT Bombay lanzó un diploma ejecutivo de posgrado de 18 meses en inteligencia artificial y ciencia de datos a partir de enero de 2025. Y para 2025, once de los veintitrés IIT del país ya ofrecían un programa formal de inteligencia artificial. Sin embargo, hay dos contrapesos que rompen cualquier lectura simplista de que en India todo el mundo huye hacia el cómputo y abandona todo lo demás. Las inscripciones al CLAT, el examen nacional de admisión a Derecho, tuvieron un vaivén de varios años, pero terminaron en un máximo histórico de 92,344 en 2026, un 17% por encima de 2025, con nuevas universidades nacionales de derecho sumándose todavía para el ciclo 2026-27. El interés por el diseño también crece de forma sostenida: los aspirantes al UCEED subieron más de un 13% y al CEED más de un 23% en dos años, con más de 15,400 aspirantes en 2025 para solo 245 lugares en siete institutos. En India, ni el Derecho ni el Diseño están en fuga, lo contrario del patrón que domina la conversación en Estados Unidos y del pánico anticipado del diseño gráfico occidental. La transparencia india, en general, es buena pero desigual: los datos de la AICTE sobre cupos e ingeniería son sólidos y consistentes año con año, casi al nivel de Alemania. Pero la propia encuesta oficial AISHE contiene una inconsistencia que vale la pena señalar como hallazgo de calidad de dato: una síntesis reporta que la participación de Artes/Humanidades bajó de 30.2% en 2020-21 a 29.4% en 2021-22, mientras otra síntesis de la misma encuesta reporta 34.2% en 2021-22 bajando a 32.1% en 2023-24. Ambas coinciden en la dirección, bajando gradualmente, y en que sigue siendo el grupo disciplinario más grande de todos, pero no coinciden en la magnitud exacta, una discrepancia que en Alemania o Estados Unidos sería inaceptable, y que aquí es simplemente el estado del arte de los datos disponibles. Brasil, Colombia y el resto de América Latina: crecimiento agregado, casi ninguna desagregación por carrera. El patrón que encontré en Brasil y Colombia es casi un espejo del que encontré en China, aunque por razones completamente distintas: crecimiento agregado sólido, con datos oficiales de calidad, pero casi nada de desagregación multianual por carrera específica comparable a lo que ofrecen Alemania o Estados Unidos. El Censo de la Educación Superior 2024 de Brasil muestra que entre 2023 y 2024 la matrícula de licenciaturas creció 2.3%, mientras las licenciaturas normalistas cayeron 2.8% y los tecnológicos cayeron 1.9%; la educación a distancia ya representa 50.7% de toda la matrícula de pregrado, con un incremento de 5.6% en el mismo año. Entre los veinte programas de pregrado más grandes del país, Direito tiene 57.9% de participación femenina y Ciência da Computação 85.0% de participación masculina, el dato de composición por género es sólido, pero el censo no ofrece una serie de varios años de matrícula por carrera comparable a la alemana. Colombia, según las estadísticas oficiales de matrícula 2024 del Ministerio de Educación Nacional, mostró un crecimiento nacional de 3.14% en la matrícula total, superando 2.553 millones de estudiantes; las instituciones públicas crecieron más de 67 mil matriculados, un aumento de 5%, y las privadas más de 10 mil, un aumento de 0.88%; la matrícula técnica profesional creció 5.01% y la tecnológica 5.14%. No encontré cifras desagregadas específicamente por Derecho frente a Ingeniería de Software para Colombia en 2024, lo que señalo explícitamente como una limitación de la fuente disponible, no una ausencia real de cambio. El panorama agregado de toda la región lo ofrece la UNESCO-IESALC, que informa que la tasa bruta de matrícula en educación superior en América Latina y el Caribe pasó de 40% en 2013 a 53% en 2023, y la participación femenina en la matrícula total pasó de 19% a 41% en las últimas dos décadas. Sin embargo, pese a ese aumento de acceso, la tasa de graduación regional se estancó en 24%, muy por debajo de regiones de altos ingresos, con deserción especialmente alta en México, con 42%, Costa Rica, con 62%, y Chile, con 54%. Ese informe tampoco desagrega por área de estudio en los extractos que pude consultar. El hallazgo regional es tan importante como cualquier cifra puntual: fuera de México, gracias al análisis académico de Scielo, y de Brasil, gracias al censo del INEP, América Latina simplemente no publica, o no publica de forma accesible, la serie de datos que muestra qué carrera crece y cuál se encoge, que sí existe para Alemania, Estados Unidos e incluso India, lo que constituye una laguna de datos regional, no una ausencia de cambio real. El panorama agregado: OCDE, G7, G20 y el vacío de BRICS. Pedí explícitamente los datos de la OCDE para esta pieza, y vale la pena presentarlos porque contradicen el tono alarmista de casi todo lo demás que he escrito hasta ahora. El reporte Education at a Glance 2023 de la OCDE es tajante, señalando que la distribución de estudiantes de nuevo ingreso se ha mantenido en gran medida sin cambios. En 2021, STEM representaba 27 por ciento de los nuevos ingresos, negocios y derecho 24 por ciento, salud 14 por ciento, artes y humanidades 10 por ciento, y ciencias sociales y periodismo también 10 por ciento. Del lado de los graduados, el mismo reporte confirma que la distribución de graduados por campo de estudio no ha cambiado sustancialmente desde 2015, con apenas un aumento de 3 puntos porcentuales de STEM en programas de ciclo corto. Las mujeres representaban 23 por ciento de los graduados en tecnologías de la información y la comunicación en 2021, y Canadá y Turquía son los únicos países del bloque con una caída de participación femenina en tecnologías de la información y la comunicación desde 2015. El reporte más reciente, Education at a Glance 2025, ya con dos años más de datos post-inteligencia artificial generativa masiva, sigue mostrando estabilidad relativa por nivel. En licenciatura, STEM representa 23 por ciento, negocios y derecho también 23 por ciento, artes y humanidades 22 por ciento, y salud 16 por ciento. En maestría, negocios representa casi tres de cada diez estudiantes, aproximadamente 29 por ciento, y STEM 22 por ciento. En doctorado, STEM sube a más de dos quintos, casi el doble que en licenciatura, con negocios cayendo a solo 8 por ciento. Esto es la confirmación más autorizada posible de algo que ya venía sospechando capítulo tras capítulo de esta investigación: a nivel del bloque de países ricos en su conjunto, no hay un vuelco masivo en la distribución de carreras. Lo que hay son movimientos fuertes dentro de subcategorías específicas, como cómputo genérico cayendo en Estados Unidos, inteligencia artificial formal creciendo en todas partes, y humanidades cayendo desde antes de la inteligencia artificial, que se cancelan entre sí cuando se agregan a nivel de bloques enteros de países. El contraste histórico más útil viene de Estados Unidos frente al resto del G20. Un análisis de NCES con datos de 2015 encontró que Estados Unidos otorgaba 41 por ciento de sus primeros títulos universitarios en ciencias sociales, negocios y derecho, frente a solo 16 por ciento en ciencia, matemáticas e ingeniería, la proporción más baja de todo el G20. Japón, Arabia Saudita y Estados Unidos eran, en ese entonces, los únicos tres países del G20 donde ciencia, matemáticas e ingeniería no superaban a artes y humanidades. Es un dato de 2015, previo a toda esta historia, pero explica por qué la caída reciente de ciencias de la computación en Estados Unidos golpea con tanta fuerza narrativa, parte de una base relativa ya más orientada a negocios y humanidades que la mayoría de sus pares del G20. Y aquí debo ser tan honesto como lo fui con la opacidad de los datos chinos: no encontré, en ninguna fuente pública confiable, una serie agregada y comparable de oferta académica por campo de estudio específicamente para el bloque BRICS como unidad, ni para el G7 como unidad. Lo más cercano que existe es lo que ya cubrí país por país, como Estados Unidos y Alemania representando al G7, China y la India representando a BRICS, y Brasil aportando el tercer dato BRICS disponible, sin que exista un agregador oficial equivalente al de la OCDE para esos dos bloques políticos. Es, en sí mismo, un hallazgo de esta investigación: BRICS y G7 son etiquetas geopolíticas y económicas útiles para muchas cosas, pero ninguna oficina estadística publica todavía cuánto está cambiando la oferta académica de BRICS como cifra única. La distribución mundial de carreras muestra cambios mínimos, y los detalles de cómputo y humanidades, con sus respectivas brechas por país, confirman esta tendencia de estabilidad en la distribución de carreras a nivel global. El radar: quién está cambiando de verdad, y quién solo parece que cambia. Con todo lo anterior reunido, se construyó una comparación entre Estados Unidos, Alemania/Unión Europea, México, China e India en el eje que de verdad importa para esta investigación: qué tan rápido está cambiando su oferta académica universitaria. Se consideraron cinco aspectos clave: la velocidad de cambio general en la oferta, el ritmo de apertura de programas formales de Inteligencia Artificial, el ritmo de cierre o descontinuación de programas existentes, el grado de intervención estatal directa en el currículo y la transparencia de los datos disponibles para medir todo esto desde afuera. China lidera en los tres primeros aspectos por un margen amplio, con más de 12,000 programas movidos en cinco años, cientos de universidades nuevas ofreciendo Inteligencia Artificial y una directriz estatal con meta numérica publicada. Sin embargo, se enfrenta a dificultades en cuanto a transparencia, ya que el volumen de cambio se mide en conteo de programas, no en series de matrícula real verificables. India se encuentra en un punto intermedio inusual, con un cambio genuinamente rápido y sostenido, como se evidencia en la ocupación de cupos de ingeniería, que subió 21 puntos porcentuales en cinco años, lo que es tan dramático como cualquier cifra china. Además, cuenta con intervención estatal real a través de AICTE, pero con mejor transparencia de datos que China. Estados Unidos, por otro lado, tiene intervención estatal casi nula sobre el currículo, ya que las decisiones las toma cada universidad. Sin embargo, ha experimentado un cambio de mercado descentralizado que resultó, paradójicamente, casi tan rápido como el chino en el caso específico de cómputo, con la mejor transparencia de datos de los cinco países. Alemania y la Unión Europea son, con estos cinco aspectos, el bloque más estable de todos, caracterizado por un cambio lento, casi sin intervención estatal directa en qué carreras existen y la transparencia de datos más alta del planeta. México se encuentra en el extremo opuesto a China, con un cambio lento, como se refleja en la sobreoferta de Derecho que lleva quince años sin resolverse, intervención estatal mínima y transparencia de datos limitada a un solo estudio académico agregador, sin el equivalente de un Destatis o un NCES propio. La bola de cristal: lo que un niño de cinco años hoy probablemente no podrá estudiar. Esta es la parte especulativa de la pieza, y la marco como tal sin ambigüedad: lo que sigue es una proyección razonada a partir de todo lo anterior, no un hecho verificado como los datos de arriba. Pero después de recorrer nueve sistemas universitarios distintos, hay patrones lo bastante consistentes como para arriesgar algunas apuestas concretas sobre qué va a existir —y qué va a ser cada vez más difícil de encontrar— cuando un niño que hoy tiene cinco años llegue a la edad de elegir carrera, dentro de trece o catorce años. Empiezo por lo que probablemente se encoja hasta la irrelevancia práctica, o exista solo en un puñado de universidades de elite en vez de "por todas partes" como hoy. Las licenciaturas monolingües en lenguas extranjeras "puras" —no digo la lengua como herramienta dentro de otra carrera, sino el major completo dedicado solo a francés, alemán o ruso sin ningún componente técnico— ya cayeron 48% en Estados Unidos en poco más de una década, con casos como el de West Virginia University eliminando el departamento entero. Si la traducción automática de calidad humana termina de consolidarse en los próximos diez años, no veo ninguna fuerza que revierta esa curva; lo más probable es que sobrevivan como concentraciones dentro de relaciones internacionales o lingüística computacional, no como majors independientes fuera de un grupo reducido de universidades de investigación. Historia, estudios religiosos, estudios clásicos y literatura comparada —todos con caídas de 40% a 59% ya documentadas— corren un riesgo similar de sobrevivir solo en universidades grandes con dotación suficiente para mantener departamentos pequeños por prestigio, no por demanda de mercado. El caso de "ciencias de la computación genérica" es más sutil, y me atrevo a decir que la etiqueta completa —no la disciplina— es la que corre riesgo real de desaparecer en su forma actual. Lo que estoy viendo en los datos no es que la programación deje de enseñarse: es que la etiqueta indiferenciada "Computer Science" se está fragmentando en marcas más específicas —IA, ciencia de datos, ciberseguridad, robótica— que ya crecen mientras la genérica cae. Un niño de cinco años probablemente no va a encontrar, dentro de trece años, una universidad de prestigio que ofrezca "Ciencias de la Computación" sin apellido; va a encontrar media docena de licenciaturas con nombres mucho más específicos compitiendo por el mismo estudiante. Periodismo tradicional —el que forma reporteros generalistas de redacción impresa o de radio/televisión lineal, sin especialización en datos ni en producción digital— tiene ya una caída de más de 20% documentada en al menos un programa universitario con serie larga, y el patrón de fondo no muestra ninguna señal de revertirse. Lo más probable es que sobreviva casi exclusivamente como una concentración dentro de comunicación o como programas de posgrado especializados en periodismo de investigación o de datos, no como la licenciatura masiva de hace veinte años. Del otro lado, lo que va a estar disponible en cada esquina, sin que el niño de hoy tenga que buscar mucho: enfermería y las profesiones de salud en general, con tres años consecutivos de crecimiento documentado y una demografía que envejece en casi todos los países de esta investigación; ciberseguridad, que ya creció 271% en una década y no tiene techo visible mientras exista cualquier sistema digital que proteger; los oficios técnicos de dos años —mecánica, reparación, tecnologías de ingeniería—, que crecen de forma sostenida precisamente porque son los más difíciles de automatizar por completo con software; y, por supuesto, cualquier variante con la etiqueta explícita "Inteligencia Artificial", que pasó de 4 a 23 instituciones en Estados Unidos en cinco años, de 35 a más de 600 en China en ocho, y que ya tiene programas formales en once de los veintitrés IIT de India. Ingeniería civil y mecánica, curiosamente, es el caso más ambiguo de todos: cae en India por sobreoferta histórica y en Estados Unidos por preferencia estudiantil, pero se mantiene casi estable en Alemania —lo cual sugiere que su destino depende más de la política industrial de cada país que de la IA en sí misma. Y quiero cerrar esta sección con la apuesta más incómoda de todas: Derecho, contra la intuición popular, probablemente NO desaparezca en ningún país de esta investigación —ni siquiera en China, donde algunas universidades específicas ya cancelaron el programa. Lo que va a cambiar es el volumen relativo de abogados generalistas de nivel de entrada frente a especialistas certificados en usar herramientas de IA dentro del derecho, y probablemente una mayor concentración en un número menor de escuelas de mayor prestigio, con el segmento de escuelas pequeñas y no acreditadas absorbiendo la mayor parte del ajuste. Derecho no muere. Se concentra. Qué haría yo si tuviera que aconsejar hoy a un estudiante. No voy a dar el consejo genérico de "aprende a programar" ni el opuesto de "estudia lo que te apasione sin pensar en el mercado" —los datos de esta investigación apuntan a algo más específico. Primero, si la carrera que te interesa tiene una etiqueta genérica de hace treinta años, como Ciencias de la Computación, Administración de Empresas generalista, o Periodismo sin especialización, pregúntale al programa concreto qué tan reciente es su plan de estudios y qué tan específico es. La fragmentación hacia marcas más específicas, como Inteligencia Artificial, ciberseguridad, ciencia de datos, o diseño sostenible, es, en los datos que reuní, más consistente entre países que cualquier otra tendencia. En segundo lugar, desconfía de cualquier titular que use un solo año de datos como si fuera destino. El rebote de Derecho en Estados Unidos en 2025 no prueba que Derecho "volvió"; la caída de Ciencias de la Computación tampoco prueba que "la programación se acabó". Pide siempre la serie de al menos tres o cuatro años antes de tomar la caída o la subida como señal real, y pregunta explícitamente si alguien ya intentó atribuirle una causa única a ese movimiento, como el propio estudio de Stanford, que se negó a atribuirle la caída de Ciencias de la Computación solo a la Inteligencia Artificial. En tercer lugar, y esto lo digo con la evidencia de Alemania e India en la mano, mira qué está haciendo el sistema universitario de tu propio país, no solo lo que domina la conversación en redes sociales en inglés. La narrativa de "todos huyen de la computación" es real en Estados Unidos y todavía no existe, con la misma fuerza, en Alemania ni en India, donde el cómputo sigue creciendo sin freno visible. Y en cuarto lugar, si tu hijo tiene talento genuino para algo que hoy parece "en riesgo", como diseño, lenguas, o artes, la evidencia dura que reuní dice que la disciplina en sí rara vez desaparece por completo; lo que cambia es cuántas instituciones la ofrecen y qué tan competitivo se vuelve entrar a las que sobreviven. Eso no es un consuelo vacío, es, literalmente, lo mismo que pasó con Derecho en México desde 2014, con las artes visuales en Estados Unidos, y con la propia industria del hielo. El hielo, otra vez. Vuelvo, para cerrar, a Frederic Tudor. Para 1914, la producción de hielo de planta, fabricado mecánicamente, alcanzó 26 millones de toneladas en Estados Unidos, superando ya a las 24 millones de toneladas de hielo natural cosechado ese mismo año, el punto exacto de cruce donde la tecnología mecánica desplaza de forma definitiva a la cosecha manual, según se indica en Wikipedia, en la sección sobre el comercio de hielo. Apenas treinta y cuatro años antes, en 1880, cincuenta millones de estadounidenses usaban más de cinco millones de toneladas de hielo al año, lo que equivale a 200 libras por persona, y el país era el mayor exportador mundial de hielo del planeta, según el American Enterprise Institute. Un reporte oficial de 1879 calculaba la cosecha anual nacional entre 8 y 10 millones de toneladas, con la sola Ciudad de Nueva York consumiendo cerca de un millón de toneladas al año, según la National Geographic. Nada de eso salvó al oficio cuando llegó la refrigeración mecánica. Lo que sí es admirable, y probablemente la lección más útil de todo el paralelismo, es que la empresa dominante de la industria sobrevivió al cambio tecnológico adaptándose por completo, en vez de negarlo. La Knickerbocker Ice Company cosechó su último hielo natural del Rockland Lake en 1924, y para 1928 ya se había reconvertido por completo a fabricar hielo artificial con agua de la llave en diez plantas en Brooklyn, según el South Street Seaport Museum. El propio negocio de Tudor en India, una casa de hielo en Calcuta desde 1833 que llegó a generar unos 220,000 dólares de ganancia en veinte años, colapsó en la década de 1880 frente a la misma tecnología, y su almacén en Madrás terminó reconvertido en el edificio que hoy se conoce como Vivekanandar Illam, según Wikipedia. Incluso la innovación que hizo viable el negocio de Tudor durante décadas, reducir la pérdida de hielo por derretimiento de 66% a 8% mediante mejor aislamiento, fue, en el fondo, solo una prórroga, hizo el negocio rentable durante treinta años más, no indefinidamente, según el South Street Seaport Museum. La oferta académica universitaria no se comporta como un mercado de commodities de un día para otro, hay inercia, hay departamentos con dotación propia, hay gobiernos que subsidian carreras específicas por razones que nada tienen que ver con la demanda estudiantil real. Por eso, nada de lo que documenté aquí se parece a un colapso de tres años como el del hielo natural frente a la refrigeración mecánica. Pero el patrón de fondo, una tecnología nueva que hace obsoleto, no de golpe sino carrera por carrera, programa por programa, país por país, algo que durante generaciones se dio por sentado que siempre existiría de la misma forma, es exactamente el mismo. La pregunta que me queda, y que le dejo al lector, es si tuvieras que apostar hoy la carrera de un hijo de cinco años, ¿le pedirías que persiga la etiqueta más específica posible dentro de lo que le apasiona, o seguirías confiando en que estudia lo que te guste es consejo suficiente en un mundo donde la propia definición de las carreras está cambiando más rápido que en cualquier otro momento medido en esta investigación!