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De la "Credencial de Salud" a la Bóveda Nacional: ¿Por qué seguimos fragmentando nuestra identidad?

2026-01-21 · Por Esteban Rey (@Kilowatto)

Ayer, la presidenta Claudia Sheinbaum y el secretario de Salud anunciaron con bombo y platillo el inicio del proceso de credencialización para el acceso universal al sistema de salud (IMSS-Bienestar). Confieso de entrada que mi conocimiento sobre políticas sanitarias o triaje médico es nulo, así que no entraré en si esto mejorará o no la atención en los hospitales. Donde sí pondré la lupa es en el hardware de la burocracia: la nueva tarjeta.

Estamos ante otro intento del gobierno —uno más en una larga lista histórica— por recolectar, catalogar y "credencializar" a la población. Y dado que venimos de presenciar pifias monumentales en la implementación de registros digitales (como detallé en mi columna anterior sobre la vulnerabilidad de Telcel), la pregunta obligada es: ¿Con qué confianza debemos los ciudadanos entregar nuestros datos para obtener este plástico?

La coerción de la necesidad

Para el ciudadano de a pie, especialmente para los grupos más vulnerables, no hay dilema real. Si la credencial es la llave para recibir atención médica, la tramitarán. Hay un incentivo implícito que roza la coerción: "tus datos a cambio de tu salud".

Sin embargo, debemos ser brutalmente honestos sobre los riesgos. Estas bases de datos masivas, ricas en información demográfica y socioeconómica, son "oro molido". Son codiciadas por operadores políticos para condicionar el voto, por empresas de marketing poco éticas y, lo más grave, por grupos criminales que ven en estos padrones un menú detallado para la extorsión o el robo de identidad.

Si el gobierno no pudo garantizar la seguridad de una API de telefonía, ¿qué garantías tenemos de que esta nueva base de datos de salud no terminará a la venta en el mercado negro en seis meses?

Basta de parches: Hacia una Identidad Nacional Verdadera

Pero la crítica no debe quedarse en la queja. El problema de fondo no es la credencial de salud per se, sino la obsesión mexicana de tener una identificación para cada ventanilla.

Es momento de ponernos serios. México necesita dejar de jugar a las "credencialitas" y hacer un esfuerzo de Estado —que trascienda al gobierno en turno— para construir una Identidad Nacional Digital Unificada.

Es absurdo que en pleno 2026 sigamos usando una credencial electoral (INE) como identificación principal, cargando además con una Cédula Profesional, una Licencia de Manejo (estatal y fragmentada), una CURP en papel bond, el RFC del SAT, la e.Firma (antes FIEL) y ahora una credencial de salud.

La propuesta es clara: Una sola identidad para todo.

Imaginemos un sistema donde tu identidad digital sea una plataforma, no un plástico. Una "Bóveda de Identidad" que integre:

Integración Abierta y Soberanía del Usuario

Pero vayamos un paso más allá. Esta identidad no debería servir solo para el gobierno. Debería tener capacidades de integración abierta (APIs seguras) para que el ciudadano pueda usarla en el sector privado.

¿Quieres entrar a tu club deportivo? Usas tu Identidad Nacional. ¿Abrir una cuenta de banco? Te autenticas con ella. ¿Inscribirte a la universidad? Lo mismo.

La clave tecnológica aquí es la soberanía de los datos. El ciudadano debe ser el dueño de la llave. A través de una app, yo debería poder ver exactamente quién tiene acceso a qué dato.

Transparencia total. Que sepamos quién accedió, cuándo y para qué. Y tener el botón de pánico para revocar accesos cuando queramos.

La Paradoja de la Seguridad: Centralizar para Blindar

Sé lo que están pensando: "Esteban, ¿poner todos los huevos en una sola canasta no es peligroso?".

Es una preocupación válida, pero en ciberseguridad, la dispersión suele ser más riesgosa que la centralización bien ejecutada. Hoy tenemos nuestros datos repartidos en cientos de bases de datos municipales, estatales y federales, muchas de ellas protegidas con tecnología de hace diez años y administradas por personal sin capacitación. Son cientos de puertas traseras abiertas.

Si creamos una Bóveda de Identidad Centralizada, esta debe tratarse como un asunto de Seguridad Nacional.

No debe administrarla una secretaría de paso; debe ser una entidad de Estado blindada con la mayor cantidad de capas de seguridad posibles (cifrado post-cuántico, blockchain privado para trazabilidad, autenticación biométrica de última generación). Es más fácil y eficiente invertir recursos masivos en construir un solo "Fort Knox" digital inexpugnable, que intentar vigilar mil cabañas de madera dispersas por todo el país.

La nueva credencial de salud es una buena intención con una mala arquitectura. Seguimos digitalizando la burocracia del siglo XX en lugar de diseñar la identidad del siglo XXI.

¿Qué opinan? ¿Debemos centralizar las bóvedas de identidad para protegerlas mejor, o seguimos confiando en tener una credencial distinta para cada día de la semana? Los leo.