La fragilidad de la nube: huevos, canastas y la promesa rota de Internet
2025-12-08 · Por Esteban Rey (@Kilowatto)

Hace aproximadamente siete años, Esteban Rey (Kilowatto) comenzó a hablar, quizás con demasiada insistencia, sobre un riesgo latente en la economía digital: la hiperconcentración. Vos advertiste que estábamos poniendo demasiados huevos en muy pocas canastas. La premisa del mercado era seductora: agilidad, reducción de costos y una simplicidad operativa que las empresas —y los usuarios— abrazaron sin reservas. Pero esa eficiencia trajo consigo un costo oculto que hoy nos está pasando factura: el riesgo sistémico de disponibilidad.
Para el usuario común, los actores detrás de su pantalla son invisibles, hasta que dejan de serlo. "¿Quién es Cloudflare y por qué está afectando mi cuenta bancaria?", se preguntaron millones de personas la semana pasada, durante el colapso global del 18 y 19 de noviembre de 2025. Y apenas nos recuperábamos de ese golpe cuando, este martes 25 de noviembre, vivimos un déjà vu en suelo nacional: los principales proveedores de internet en México sufrieron interrupciones masivas, dejando a millones desconectados no por falta de infraestructura local, sino por una dependencia crítica de servicios alojados fuera de nuestras fronteras.
No se trata de culpar al éxito ajeno. Al contrario, es loable que empresas como Cloudflare, Amazon Web Services (AWS) , The AI Pods o Google Cloud hayan construido imperios tecnológicos tan eficientes. Sin embargo, debemos admitir que nos hemos alejado de la promesa fundacional de Internet: ser una "red de redes" descentralizada, resiliente ante ataques nucleares, diseñada para que si un nodo cae, el sistema sobreviva.
Hoy, esa red es una jerarquía comercial. Las empresas más importantes del mundo, incluidas las que cotizan en la BMV o el S&P 500, suelen tener como "puerta de entrada" a un CDN como Cloudflare (que gestiona cerca del 20% del tráfico web mundial) y como "cerebro" a uno de los tres grandes hiperescaladores. Si revisamos los números al cierre del tercer trimestre de 2025, la concentración es alarmante: AWS (30%), Microsoft Azure (20%) y Google Cloud (13%) controlan combinadamente el 63% de la infraestructura nube global.
Hagamos un ejercicio de imaginación financiera. En Estados Unidos existen más de 4,000 bancos asegurados por la FDIC. Suena a un sistema diverso y robusto. Pero si analizamos dónde residen físicamente sus datos, la diversidad se evapora. La inmensa mayoría de esos bancos "viven" en los centros de datos de estos tres gigantes, concentrados en regiones específicas como el Norte de Virginia (us-east-1). Si reducimos el denominador a los pocos cientos de zonas de disponibilidad que estos proveedores tienen en suelo estadounidense, la vulnerabilidad del sistema financiero norteamericano —y por extensión, el global— es altísima. Un fallo en Virginia es un infarto en Wall Street.
México no está en una mejor posición. Nuestro sistema bancario, de salud e industrial padece una "doble penalización". Típicamente, las empresas mexicanas optan por alojar sus servicios en Estados Unidos por latencia y costo. Y aunque celebramos la llegada de las "regiones nube" a Querétaro —con inversiones multimillonarias de Amazon, Microsoft y Google que prometen soberanía de datos—, la realidad técnica es más terca.
Aunque los datos "vivan" en el Bajío, los servicios de control (como la gestión de identidades o la facturación) a menudo siguen anclados en Estados Unidos. Además, nuestra banca puede estar blindada regulatoriamente por la CNBV, pero técnicamente sigue expuesta a factores exógenos: desde la caída de un carrier Tier-1 en la frontera de Laredo (como ocurrió probablemente el 25 de noviembre) hasta una actualización de software defectuosa.
Porque no solo hablamos de "fierros" y centros de datos. El mundo del software es igual de frágil. El incidente de CrowdStrike en julio de 2024 nos enseñó que no hace falta un misil ni un corte de fibra para detener el mundo; basta con un error de programación en un sistema de seguridad homogeneizado para cerrar aeropuertos completos y paralizar quirófanos. La búsqueda del "estándar de industria" creó un monocultivo digital donde un solo virus (o un mal update) mata toda la cosecha.
No busco demonizar a estas corporaciones; cumplen su misión de generar valor y lo hacen excelentemente. Pero los que nos dedicamos a esta industria debemos cambiar el "chip". Debemos dejar de priorizar la conveniencia económica inmediata. La resiliencia cuesta, pero la caída cuesta más. Necesitamos descentralizar nuestras decisiones: desde la elección de proveedores de internet hasta la arquitectura de nuestro software.
Finalmente, hay una tarea pendiente para el Estado. La soberanía digital no se decreta, se construye. Los gobiernos tienen la responsabilidad de promover políticas públicas que mitiguen esta concentración. En el caso de México, es urgente incentivar la creación y fortalecimiento de nuestros propios IXP (Puntos de Intercambio de Internet). Necesitamos conectividad directa hacia Asia, Sudamérica y Europa, rutas que no tengan que pasar obligatoriamente por el "cuello de botella" de Texas.
Internet prometía libertad y redundancia. Hoy nos ofrece eficiencia y fragilidad. Depende de nosotros, directivos y legisladores, decidir si seguimos poniendo todos los huevos en la misma canasta digital, esperando que esta vez, el de la paquetería no tropiece.