
Luke
Luke se cree el gerente de seguridad del terreno. Se para junto a la puerta cuando hay visitas, estira el cuello lo más que puede y observa como si estuviera checando credenciales. La primera vez que llegó el jardinero con una podadora nueva, Luke lo siguió a distancia prudente durante toda la tarde, aparentemente convencido de que supervisar la operación era trabajo suyo.
También tiene debilidad por los objetos brillantes: unos lentes de sol olvidados sobre la mesa no duran ni cinco minutos con Luke cerca. Más de una visita ha tenido que negociar —a distancia, con mucha paciencia— la devolución de sus llaves de coche.











